Como siempre, llego tarde. Llego aproximadamente siete años tarde. Siete años en los que ha habido una pandemia, un asalto al Capitolio, el rearme de la extrema derecha tras dar un pequeño traspié y la vuelta de la guerra a Europa. Casi nada. Y aún así, nada ha cambiado.
La de Bernabé es una obra que analiza las coordenadas políticas de profundidad de nuestro presente. Muy emparentado con la obra de Owen Jones, Chavs, pero con una propuesta propia.
Nota aclaratoria: en los siguientes párrafos explicaré la totalidad del ensayo de Bernabé. Si alguien quiere leerlo antes, este es un buen momento para cerrar el blog y abrir el libro.
El objetivo de Bernabé es definir y desarticular lo que él denomina la trampa de la diversidad. En numerosas ocasiones, a lo largo del libro, deja manifiestamente claro que él no pretende atacar a la diversidad de la sociedad. Lo que sí es un problema es que la reivindicación de la diversidad sea la única actividad política y, más allá de esto, que no haya ninguna profundidad en esto. Se defiende la inclusión de la diversidad como fin en sí misma. La trampa de la diversidad consiste en que la izquierda ha perdido un objetivo mayor y más ambicioso, para adquirir esta inclusión como todo su programa. Pero, cuanto más profundiza en dicha práctica, más refuerza el neoliberalismo que ha creado este marco, puesto que lo hace dentro de las lógicas neoliberales: que todo sea diversidad, para no tratar nunca un problema común.
Pero la pregunta relevante aquí es: ¿Cómo se ha llegado a esto? ¿Cómo se ha llegado a una izquierda que lo único que es capaz de hacer es reivindicar cada vez más y más cuotas de diversidad sin tratar ningún otro tema?
En la segunda mitad del siglo XX convergen varios fenómenos interrelacionados, aunque independientes. Por un lado la crisis de la modernidad. Esta fue un sistema de creencias, un espíritu de la época, que se dio entre el siglo XVIII y 1945. A grandes rasgos, consiste en la confianza en la razón, y su aplicación, para resolver los problemas a los que nos enfrentamos. Dichos problemas van desde determinar un precio adecuado para los esclavos africanos hasta cómo acabar con la desigualdad y la explotación del proletariado. La razón es una herramienta poderosísima de conocimiento y de procesamiento de la información. Pero como herramienta, su uso depende de quien la empuñe. Tras la II Guerra Mundial, la razón había perdido todo su crédito. Porque se había aplicado también a la organización del Holocausto (esta tesis pertenece a la Escuela de Frankfurt; su certeza o carencia de ella no es asunto de este debate). Frente a los totalitarismos, la represión y el genocidio, surge la posmodernidad. Un nuevo espíritu de época basado en un relativismo generalizado y en la imposibilidad de generar certezas. Si la modernidad buscaba soluciones iguales para todas las personas (puesto que tenemos las mismas necesidades básicas), la posmodernidad niega que existan igualdades aplicables a todas las personas. Por lo que el proyecto moderno, incluido el liberador, saltan por los aires.
El otro gran fenómeno es la ofensiva neoliberal que ocurre en Inglaterra y EEUU desde finales de los años 70. La llegada al poder de Margaret Tatcher supone la lucha sin cuartel contra las instituciones de la izquierda, contra su forma de vida y contra sus ideas. Tatcher tendrá como objetivo desmantelar los sindicatos de su país, liberalizar la industria favoreciendo su deslocalización y encubrir la realidad de la división en clases de la sociedad. En esta parte del libro, Bernabé está citando la obra de Owen Jones, quien dedica un capítulo entero a tratar este tema. Pero no sólo ese, sino también su conclusión. A saber: que las socialdemocracias de Europa han asumido el marco discursivo neoliberal. Ningún partido socialdemócrata habla ya del concepto de clase o lo hace muy veladamente, sino que se erigen como los defensores de la diversidad, de las pluralidades de la sociedad. Justamente lo que Tatcher pretendía, que la sociedad no se percibiese como algo formado por grupos unificados, sino como un collage de infinitas tonalidades y colores. Para reforzar esto, o como consecuencia, aparece una industria cultural dirigida por desclasados, que crean entretenimiento para desclasados, en los que difunden la pérdida de clase. Es decir, las clases medias se narran a sí mismas constantemente y dejan de tratar los grandes problemas comunes.
La unión del fin de la modernidad y la ofensiva neoliberal dará lugar a una sociedad muchísimo más individualista en la que han desaparecido los grandes relatos (los relatos de la liberación del proletariado, por ejemplo) y las identidades comunes (como la clase trabajadora). Pero la naturaleza no admite el vacío, y la política tampoco. La pérdida de la identidad como clase trabajadora es sustituida por la identidad de la clase media aspiracional. Esas personas cuyo único objetivo es mostrar, mediante su consumo, que poseen un estatus distinto al de los trabajadores.
Como dicha identidad es falsa, precisa ser reforzada constantemente. En primer lugar mediante los medios de comunicación a través de la industria cultural del entretenimiento, que sólo nos cuenta historias de clase media (individuos, a lo sumo familias, que expresan su individualidad de las maneras más descabelladas o directamente historias insulsas con el único fin de entretener).
Otro gran refuerzo de esta identidad es el consumo. Consumo de mercancías que muestren esa individualidad en constante crecimiento: viajes, fiestas, música, comidas, experiencias... Cualquier objeto de consumo que refuerce la mentira de que somos diferentes entre nosotros.
Y, como debemos mostrarnos como diferentes, se nos aboca a competir constantemente entre nosotros. En mostrar nuestra identidad como algo completamente único e irrepetible. Por tanto, debemos mostrarnos a nosotros mismos y a los demás lo individuales que somos. El reflejo político de esto es la diversidad, la defensa a ultranza de lo que hace diferentes a los distintos colectivos.
Una defensa que se realiza a través del activismo, a través de acciones individuales que pretenden, más que otra cosa, ocupar un espacio de representación de las opresiones propias frente a las opresiones de otro. Porque el único fin de la política, es la representación de estas individualidades.
Pero la trampa de la diversidad está ahí. Esa defensa de las diversidades sirve para reforzar el sistema capitalista. Un sistema que se basa en el intercambio de mercancías entre sí. Para que funcione, debe haber consumidores. Y no hay mejor consumidor que aquel que ha sumido que su realización sólo puede darse a través del consumo (porque debe reforzar su identidad ficticia). Esto sirve también para reforzar a la extrema derecha como forma de asegurar el control de la sociedad por parte de los dueños de los medios de producción (conste que Bernabé no lo dice con estos términos); una extrema derecha que utiliza a la vez la diversidad para presentarse de manera respetable (admitiendo a candidatos homosexuales, por ejemplo), a la vez que orienta las frustraciones sociales hacia objetivos aceptables (extranjeros, LGTBIQ+, conspiraciones...).
Frente a esto, lo que plantea Bernabé es volver a poner en el centro el concepto de clase social como articulador del resto de conflictos. Y es que Bernabé en ningún momento ha dicho que no exista discriminación de los homosexuales, de los migrantes, de las personas no binarias, de las mujeres. Discriminación y opresión. A veces brutales. Lo que sí ha dejado manifiestamente claro es que la izquierda no tiene un plan más ambicioso que denunciar esas discriminaciones y opresiones. Y, en muchos casos, cuando tiene la posibilidad de actuar reduciendo o eliminando dichas discriminaciones y opresiones, no lo hace. La mentalidad neoliberal consiste en eso, en denunciar esas opresiones, pero no tener una alternativa o querer actuar para solucionarlas.
Y para solucionarlas, dice Bernabé, que hay que unificarlas desde la centralidad de la clase. Puesto que esas opresiones, reales, se basan en una desigualdad material, que permite la competición de todos contra todos.
¿Qué aporta La trampa de la diversidad? Un análisis de las cuestiones identitarias en la política actual. Lo que propone es obvio: es necesario crear un frente común de lucha dentro de quienes nos encontramos explotados para poder tener la oportunidad de defendernos y mejorar nuestras condiciones de vida.
La exaltación de la individualidad no conseguirá esto de ninguna manera y sólo nos llevará a mayores grados de opresión, sobre todo en un contexto, como el actual, de retroceso de los consensos acerca de los derechos de la población.
Ahora, durante todo el libro, Bernabé juega a dos bandas. Por un lado nos dice que las identidades llevan a la defensa del neoliberalismo. Pero poco después reconoce que no se puede hacer una política realmente de izquierdas sin tratar esas opresiones. No sé si es torpeza del escritor o si es intencionado. Si es una torpeza, alguien debería haberle aconsejado mejorar su explicación. Si es intencionado, el libro busca ser polémico. No por nada, sino porque la conclusión a la que llega Bernabé, ya está enunciada desde 1902. Lenin, en ¿Qué hacer?, llega a esa misma conclusión: que dado que la sociedad es diversa, es la obligación de todo revolucionario crear contacto en esa diversidad explicando que la opresión que sufren todos y cada uno tiene su origen en el capitalismo. Con haberlo citado hubiese sido suficiente y podría haber abundado en otras cuestiones.
Puedo entender que, con el objetivo de no asustar a un lector "neoliberal" (es decir, alguien que está inmerso en esa individualidad que él mismo describe), Bernabé rebaje el discurso y oculte sus influencias. Pero dado que termina su ensayo dejando una lista de tareas para la izquierda (entre ellas, no rebajar el discurso), creo que se dirige a un público formado políticamente. Por lo que pretende ser polémico. Por eso también escoge los ejemplos que más impacto pueden causar en el lector.
Lo mismo ocurre con Chavs, de Owen Jones. El análisis, la crítica y las soluciones planteadas son bastante similares. Cierto es que el libro de Jones sólo ha tenido impacto entre un sector de lectores de izquierda. No ha sido para nada algo generalizado. Pero dado que la influencia es patente, hubiese sido de agradecer que se reconociera su influencia por cortesía intelectual. Pero también por lo mismo que Bernabé critica, que es la falta de unidad. Hubiese sido un momento ideal para mostrar esa opresión común al proletariado de Reino Unido y el de España, y como los políticos (conservadores, socialdemócratas y de izquierda) recurren a las mismas estrategias.
Por otro lado, el libro está desordenado y eso hace muy farragoso el obtener las afirmaciones principales del ensayo. El orden en el que yo lo he expuesto lo he obtenido después de finalizar el libro y buscar una hilazón común. Es otra cuestión que debería haberse revisado antes.
Finalmente, para mí, el mayor fallo está en el segundo capítulo. Al final de éste, establece una unión entre el salto a la fama de los filósofos posmodernos y el neoliberalismo. Afirmando que el neoliberalismo actuó para crear un sentido común, para extender unas ideas, posmoderno. Unas ideas basadas en la imposibilidad del consenso y de la universalidad.
Y que se establezca esa relación me es indiferente. El problema es que se establece diciendo que es una conjetura, y que como su ensayo no es un libro académico, no es un problema conjeturar. Si esto es así, entonces todo lo que viene después de dicha oración (por ser generoso y entender que lo anterior sí se ha escrito en base a información veraz) carece de validez. A fin de cuentas, si está conjeturando, puede conjeturar también acerca de la sexualidad de los ángeles o de las mejores formas de atrapar un gamusino.
¿Merece la pena leerse este libro? Sí, sin duda. Y con carácter de urgencia. Daniel Bernabé acierta en el análisis y acierta, a mi parecer, en las soluciones. Pero teniendo en cuenta que es una obra que sirve de introducción al problema. Son necesarios estudios profesionales acerca de lo que señala el autor para tener una buena comprensión completa de dichos fenómenos. Sin embargo, para quienes no podemos dedicarnos a profundizar en esos temas, es una buena introducción.



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