Aquí no hemos venido a estudiar, de Enric Juliana. Una obra de microhistoria vinculada a la macrohistoria, la que normalmente aplasta a las personas sin importar las necesidades individuales, pero que a veces puede ser influida por quienes no destacamos en nada.
El centro del ensayo lo constituyen los presos políticos del franquismo de la prisión de Burgos. De distintas tendencias pero centrándose principalmente en el Partido Comunista de España: el partido que más luchó durante el franquismo para recuperar la democracia. Y, muerto el dictador, el que más contradicciones adquirió para dar su forma actual a nuestra democracia. Dos presos que además sirven para establecer dos formas de encarar las transformaciones políticas que vivió España.[...]
Sin entrar en contar los eventos que trata el libro, no por falta de interés, sino porque sería imposible en una sola entrada, me centraré en las cuestiones que más me han llamado la atención de este último libro.
Empezando por el título, este refleja dos posiciones contrapuestas acerca de cómo afrontar el cautiverio de los que pasaron por la prisión de Burgos durante el franquismo.O estudiar y prepararse para afrontar la batalla política cuando se recuperara la libertad, o no estudiar y utilizar la condición de preso político como una herramienta más de lucha.
Dos posiciones que chocaron en las personas de Manuel Moreno Mauricio y Ramón Ormazábal. Pero también son dos formas de leer el momento en el que vivían y de entender cómo debe funcionar un partido que se proclama como revolucionario.
Por un lado Manuel Moreno es consciente de que desde la prisión, por sus limitaciones, poco más se puede hacer que formarse. Es necesario aprender para que la acción que lleven a cabo tenga sentido y, además, el estudio permite informar a la dirección del partido en el exilio. Por otro lado Ramón Ormazábal sabe que las fuerzas o se invierten en estudiar o se usan para minar el régimen. La situación de los presos, retransmitiendo su vida a través de la Pirenaica, podía acrecentar la oposición exterior (e interior) contra la dictadura.
Esta dicotomía está presente en cualquier cualquier organización que quiera introducir cambios en el presente de su país. Por un lado la realidad, inasible por completo, requiere ser estudiada. Por otro lado la vida, en la cual no se pueden retrasar las decisiones.
Esta dicotomía está presente en cualquier cualquier organización que quiera introducir cambios en el presente de su país. Por un lado la realidad, inasible por completo, requiere ser estudiada. Por otro lado la vida, en la cual no se pueden retrasar las decisiones.
Pero también son formas distintas de entender el partido y la obediencia al mismo ya que, en una organización vinculada al PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) en los momentos de la guerra fría, esta, la obediencia, era obligatoria.[...]
Y no es que alguno de ellos fuese desobediente. A lo largo del ensayo nos queda claro que ambos obedecían las instrucciones que les llegaban. Sino que entendían de manera muy distinta lo que significa obediencia, lo que significa disciplina, lo que significa lealtad. Manuel Moreno no cree en la obediencia ciega. Respeta las reglas de la organización, pero no cree que en la cerrazón. A lo largo de su cautiverio ha establecido una red de apoyo mutuo en la cárcel en la que colaboraron personal penintenciario y reclusos comunes. Sabe que su partido no está presente en España y que la información con la que trabajan Carrillo e Ibarruri (entre otros) es, al igual que la que llega a Burgos, fraccionaria e incompleta. La solución es seguir formándose.La formación como una manera de ser útil cuando abandone la prisión, como una forma de huir momentáneamente de la condición de preso, como una obligación militante.
Ormazábal vivió la clandestinidad de manera muy distinta y acaba en la cárcel de Burgos por su ciega lealtad. Y será esta lealtad propia de los Procesos de Moscú la que le llevó al presidio. Un partido comunista cuyos miembros ni están organizados ni cumplen su cometido no es tal. Se decidió aumentar el conflicto en el país por las huelgas que comenzaron a producirse. Y Burgos, la referencia mundial de la represión política franquista no puede quedarse fuera de las directrices del partido. La lucha, aunque sea por objetivos mínimos, por luchas parciales, por cuestiones del día a día, es valiosa en sí misma. Una sociedad que no lucha es una sociedad complaciente con aquellos que la gobiernan y un partido, que se denomina revolucionario, que acepta eso no lo es en absoluto. Pero además está la dignidad, dignidad que perdieron los presos y que Ormazábal querrá recuperar.
Otra cuestión llamativa es la vocación macrohistórica, de historia con mayúsculas. La cuestión es identificar lo que pasaba en la guerra fría para entender lo que pasaba en Burgos. Y el autor nos guía durante cincuenta años de historia y su influencia en España. Aparecerán por el ensayo Stalin, Churchill, Mao, Kissinger, Comorera, Carrillo, Semprún, el PCI, la OTAN... Una serie de actores que por su relevancia internacional fueron capaces de influir en la lejana y enclaustrada España durante la dictadura.
Quizás no sea la obra más profunda en cuanto a historia del siglo XX en España. Tampoco lo pretende. Pero si es una historia que ahonda en la humanidad de varios personajes reales y eso la hace más que necesaria.



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