¿Qué es la filosofía? Martin Heidegger

La conferencia ¿Qué es la filosofía?, de Martin Heidegger, es el objeto de esta entrada.

Me gustaría comenzar con varias aclaraciones.

Avisos:

  1. Este hilo trata sobre una corriente de la filosofía muy compleja. Hay que explicar mucho.
  2. Soy un aficionado a la filosofía, seguramente me dejo muchas cosas.
  3. Aunque seré riguroso, me centraré en lo más importante. La idea es dar una interpretación general.

 

Cuestiones previas:

  • Heidegger fue un fenomenólogo: buscaba la realidad más básica de cualquiera de sus objetos de estudio.
  • Para tratar esta realidad usaba un lenguaje complicado, resignificando los términos.
  • Al final expondré mi interpretación, nada heideggeriana.

 


La conferencia comienza con la pregunta más habitual de la filosofía: ¿qué es la filosofía? A lo largo de la historia de la disciplina esta se ha repetido constantemente y no se ha llegado a un acuerdo. La idea del autor es hallar una respuesta filosófica a la pregunta. Heidegger quiere hallar un camino que desvele qué es esa disciplina. Y afirma muy categóricamente que es sólo un camino, hay más. Y el que él escoge no tiene porqué ser el correcto. Aunque advierte de que muchos son erróneos. La mayoría de respuestas a esta pregunta son historiográficas (enumeran desde fuera los distintos momentos de la disciplina). Quiere un camino que nos afecte, que nos ponga en un determinado estado de ánimo.
Separar filosofía y pasiones es arbitrario para el autor.


Para eso examina el primer término de la pregunta: "filosofía". Este es un término que refiere a una disciplina que surge en la Grecia clásica y que determina cómo entendemos ese periodo. La Grecia del s. V a.C. es indistinguible de la filosofía. Pero no sólo eso. Esa disciplina, mediante la Edad Media, se convierte en lo que configura todo Occidente al emparentar con el cristianismo. Y, en la Edad Moderna, da lugar a las ciencias llegando a la Era Atómica (hoy). La filosofía es Occidente. Esto no nos aclara mucho. Que Occidente sea la cultura que filosofa no nos resuelve el problema. Este sendero del camino se agota. Pero nos advierte de que para responder a la pregunta debemos dialogar con el pensamiento griego, que es el que ha creado a Occidente.

Otro sendero es el examen del "¿qué es?". Y esta forma de preguntar, de pensar, es puramente griega. Es una pregunta que exige aclarar el mismo "qué". Pues al determinarlo de una manera o de otra, determinamos la respuesta. Este "qué" no es una pregunta acerca de un conocimiento concreto. Ni historiográfica (no busca enumerar los momentos de la filosofía). Es una pregunta histórica, acerca de las formas en que ha acontecido la llamada del ser en la filosofía. Y, por tanto, es una pregunta acerca de nosotros mismos. El ser es aquello que comparten todas las cosas existentes. La forma en que entendamos el ser, como es compartido por todo, es la forma de entendernos a nosotros mismos. Y es también una pregunta acerca de nuestro destino colectivo. Porque al darle una respuesta estaremos respondiendo a la pregunta acerca de qué somos. Esta respuesta determinará qué podemos hacer (qué nos cabe esperar, si queremos darle el giro kantiano).
Además es una pregunta por la esencia. Esta forma de preguntar aparece cuando nuestra relación con algo es problemática. Y para poder decir que nuestra relación es problemática tendríamos que saber qué es ese algo. Si no lo sabemos, no podemos asegurar cómo es la relación.
 

Segundo sendero agotado. Aquí entra la fenomenología: buscar el origen. Y este, como ya se ha dicho, es griego. En concreto de Heráclito, quien acuña el término como adjetivo. La persona filosófica es aquella que se expresa homologando al Lógos. Vamos a detenernos aquí. Qué sea el Lógos en Heráclito es algo que aún tengo que investigar. Pero nos da igual, porque sea lo que sea, es el arjé de Heráclito. Es el principio, lo que comparten todas las cosas. Y la forma de hablar de quien es filosófico equivale al Lógos. Es decir, que su manera de hablar comparte la estructura de la realidad porque es la misma. Cuando yo digo una palabra no hay correlación directa entre esa palabra y la realidad. Pero para quien es filosófico sí, porque es lo mismo, sólo cambia la forma en que aparece. Habla de la misma manera porque el ser humano y el ser están en armonía, avenidos en disposición el uno para el otro. Puesto que es la persona filosófica la que comprende que todo lo que existe se reúne en el ser. La unidad del ente en el ser asombró a los griegos. No es exacto, pero para que nos entendamos, el "ente" es un término genérico para decir "lo que existe".
Nos detenemos. ¿Qué cosa más obvia, no? Todo lo que existe, es. Y todo lo que no es, no existe. Sencillo, ¿verdad? Ni mucho menos. Si todo lo que existe es, quiere decir que todo tiene algo en común. Vale, Isabel la Católica y yo somos seres humanos, compartimos eso. Comparto el ser mamífero con mi perro. ¿Pero qué comparto con el Demogorgon o con Cthulhu? ¿Cómo yo, un hombre que existe, puede tener algo en común con una creación literaria? ¿Qué es eso que tengo en común? Porque en algún sentido oscuro del término tengo que admitir que Cthulhu es, aunque sea en un relato. Y si Cthulhu es y yo soy, algo tendremos en común. Descubrir que tenemos algo en común y el proponerse descifrar eso que tenemos en común es lo que asombró a los griegos. Ese asombro hubo de ser guardado de explicaciones simples (los sofistas), y deterioró la relación. Ya no hubo personas filosóficas, sino filósofos.

Los filósofos fueron quienes buscaron esa relación con el ser porque la perdieron. La filosofía es la búsqueda de la relación con el ser. Por eso, para Heidegger, Heráclito y Parménides no son filósofos. Ellos sí tenían esa relación con el ser. Sócrates, Platón, Aristóteles se preguntan qué es el ente en cuanto que de hecho es porque deben reconstruir esa relación. Y dan sus respuestas en forma de "idéa" o "enérgeia". Deben reconstruirla entrando en correspondencia con el ser, permitiendo su desarrollo. Y esta correspondencia se hace desde un determinado estado de ánimo (desde un afecto). En el caso griego desde el asombro. Descartes desde la duda que genera una certeza. Pero, ¿cuál es el estado de ánimo del filosofar actual? Volvemos a preguntar por nosotros mismos.

Lo que sí está claro es que el resultado del filosofar se lleva a cabo a través del lenguaje. Tanto la filosofía como la poesía, por su relación especial con el lenguaje, pueden restablecer la relación con el ser. Puesto que ambas se deleitan en el lenguaje. Así, la filosofía es una suerte de descripción de este desarrollo del ser. No la simple secuencia causal explicativa de un fenómeno. Sino la cuna en la que debe desarrollarse y detenerse el ser. Una descripción incompleta que quizás no se alcance nunca su completud.

Este es el resumen del contenido. Pasemos a las conclusiones.

 

No es evidente que Heráclito ni Parménides hablasen en lenguaje del ser. Puede que Heráclito lo afirmase, no lo sé. Pero eso no es evidencia suficiente. Esta es una base que Heidegger no aclara aquí (puede que en otros textos sí). Si esto no está aclarado, podemos poner en cuestión que alguna vez el ser humano haya hablado ese lenguaje. Quizás no podamos hacerlo. Quizás nunca lo hayamos hechos. Quizás es sólo una cuestión lingüística. A falta de un verbo mejor, usamos "ser", pero por economía.

La filosofía ha dedicado ingentes esfuerzos en determinar esta cuestión: el ser. Pero eso no quiere decir que tengamos un acceso privilegiado a la realidad. El presuponer que hay una instancia más profunda y originaria del lenguaje es algo por demostrar. Se trabaja desde esa hipótesis, pero no tiene por qué ser así. Y si lo es, tampoco está demostrado que tengamos acceso ni que el ser se abra, se revele en sentido místico, ante nosotros. Existe la tentación de equipara el ser a Dios, pero es el mismo problema. La experiencia, para poder ser tenida en cuenta como argumento, debe ser compartida. Si no, es sólo lo acontecido a un individuo. Seguramente muy enriquecedor, pero limitado. A Heidegger esto, en realidad, no le importa lo más mínimo.

Al decir que los griegos necesitaron proteger la relación especial que tenían con el ser de las explicaciones simples, afirma que esas son las que están al alcance de todo el mundo. El ser no lo está y ahí hay un elitismo claro. Lo que al autor le es indiferente. Para el autor que su planteamiento sólo pueda ser seguido por unos pocos elegidos es lo de menos. De hecho es lo que plantea. Porque esta relación especial con el ser es sólo para aquellos preparados para escuchar su llamada.

Una cuestión en la que coincido con Heidegger es en la reflexión acerca del destino colectivo. Al pensar nuestra relación con nosotros mismos llegamos siempre a una conclusión, sea cual sea ésta. En esa conclusión obtenemos una respuesta a quiénes somos. Quizás una respuesta muy limitada y reducida, pero respuesta. Al definirnos a nosotros mismos estamos estableciendo nuestra capacidad de influir sobre el mundo. Si no somos capaces de pensar que el mundo puede cambiar, no podemos cambiarlo. Así, al mitigar la reflexión sobre nosotros mismos a través del entretenimiento, del cotilleo, de las novedades continuas, asumimos una actitud derrotista y profundamente conservadora. Es más que probable que Heidegger no estuviese de acuerdo con esta lectura de sus ideas. Pero cuadra. Y no tenemos que aceptar todo. Quizás sólo tenemos que quedarnos con lo que  identificamos que él recibió del ser y rechazar su elitismo y misticismo. Quizás quedarnos con una idea pequeñita. Pero nuestra. Quizás valga la pena reflexionar y reflexionarnos...

 

Quiero agradecer a la Editorial Herder el permiso para usar su imagen y el que me la hayan facilitado con muy buena calidad. Para preparar esta explicación he usado su edición, la cual recomiendo por su alta calidad.
También agradezco a Wikipedia, de donde he obtenido la fotografía de Heidegger. El paisaje del sendero está alojado en Freepik, os recomiendo que lo visitéis.

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